Reportajes/efe — Muchas madres se sienten felices después de dar a luz pero afligidas un tiempo más tarde. A algunas de ellas les preocupa hacerse daño a ellas mismas o bien a su bebé, y por ello se entristecen e inquietan.
Cuando la congoja de la mujer es pasajera y ella comienza a sentirse más animada después de alrededor de una semana, probablemente sufra una etapa de tristeza posterior al alumbramiento, también conocida como “melancolía postparto”, la cual no reviste mayor importancia.
En cambio, si su angustia y desgano se prolongan y no dan señales de remitir, es posible que la flamante progenitora tenga una depresión posparto (DPP), un desorden más severo que afecta a entre el 8 al 20 por ciento de las mujeres tras el embarazo, sobre todo durante las primeras 4 semanas, y el cual requiere atención médica y psicológica para su tratamiento.
La DDP es una depresión de moderada a intensa, que puede ocasionar sentimientos de profundo malestar, ansiedad, fatiga o baja autoestima, que no desaparecen rápidamente. Al parecer, puede deberse a los cambios en los niveles hormonales durante y después de la gestación, así como a cierta predisposición.
Este cuadro depresivo, que parece más natural en la madre, sometida al importante desgaste y esfuerzo orgánico y fluctuación emocional y hormonal que supone gestar y dar a luz a un bebé, parece menos justificada en el padre, pero también le afecta a él con frecuencia, como demuestra un reciente estudio.
Alrededor del 10 por ciento de los nuevos padres padecen un cuadro depresivo después del nacimiento de su hijo, mientras que
El riesgo de padecerla es mayor si la madre experimenta una depresión después del parto, según un estudio de la Escuela de Medicina de Virginia Oriental, en Norfolk, Virginia (EE.UU.).
“La tasa global de DPP en los padres ha sido del 10,4 por ciento, el doble de lo que ocurre en la población general masculina, cuya tasa normal de depresión es algo inferior al 5 por ciento”, según el psicólogo clínico James Paulson, autor principal del trabajo estadounidense, junto con la doctora Sharnail Bazemore, su coautora.
Por otra parte, los porcentajes de depresión en los hombres son más altos (cerca del 25 por ciento) cuando el bebé tiene entre 3 y 6 meses de edad, de acuerdo con el estudio de Virginia, que también encontró que si uno de los padres está deprimido, el otro tiene más probabilidades de deprimirse.
Para indagar en la depresión postnatal paterna, Paulson y Bazemore estudiaron los datos de 43 estudios anteriores en el que habían participado en conjunto más de 28.000 varones.
Algunos de los signos de depresión paterna postparto son: estado de ánimo triste o deprimido, pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban, fatiga, problemas para dormir, pérdida del apetito, sentimientos de desesperanza e irritabilidad.
Si un flamante padre reconoce que tiene cualquiera de estos signos depresivos, el doctor Paulson le aconseja buscar los servicios de un profesional de la salud no sólo por él mismo, sino sobre todo por sus hijos que también pueden resultar afectados por la depresión.
Según este experto, la depresión paterna, materna o de ambos padres, expone al bebé a un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas emocionales, conductuales y de desarrollo más adelante. Cuando los padres están deprimidos, los niños pueden tener un riesgo mayor de problemas de comportamiento, y con el aprendizaje de un idioma o de la lectura.
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